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florperezglez

¡VIVE!

 

Sólo le pido a Dios todos los días,

 

Que aunque ya no te pueda tener,

 

Y nunca más te vuelva a ver.

 

Que no sepa de de ti sin querer,

 

Sabes que te respetaré,

 

Aunque ponga fin todo esto a mi vida.

  

Se feliz, no lo olvides,

 

Te lo he dicho muchas veces,

 

Aunque tu felicidad conmigo no fuese.

 

Mi silencio serán los mejores jueces,

 

Y mi presencia hiciera verse,

 

Siendo tú, sí lo consigues.

  

Por ser de diferente manera,

 

¡Vive! Qué la vida te espera,

 

Con alas y plumas nuevas.

 

Por el inmenso cielo revolotea,

 

Y yo sentada en la escalera,

 

Me crucificaré en mi propia madera.

 

¡CÁLLATE!

 

¡Cállate!

 

¡Que ahora voy a hablar yo!

 

Ya que no me has dejado decir nada.

 

Tú no eres ni mejor, ni peor;

 

Ni tienes mejor alma.

 

¡Silencio, que estoy hablando!

 

No interrumpas mis palabras.

 

Has tenido mucho tiempo,

 

Para decir lo que pensabas.

 

Y a mí me has tenido en la esquina,

 

Con la boca tapada.

 

No muevas la boca,

 

No te voy a dejar decir nada.

 

Si me vas a hablar de dolor,

 

Más dolor tiene mi alma.

 

Si dices algo de amor,

 

Por favor,

 

De eso,

 

Cierra la boca y calla.

 

Has hablado suficiente,

 

No te dejo ya ni una sola palabra.

 

Ten dos dedos de frente,

 

Y piénsate lo que hablas.

 

Pero ahora hablo yo,

 

Ya que nunca me has dejado decir nada.

  

DESPUÉS DE TANTO TIEMPO

 

¿Así me recibes después de tanto tiempo?

 

Con los brazos para abajo,

 

Los ojos cerrados,

 

Y los labios entreabiertos.

 

Vengo de andar de entre los muertos,

 

Y mis piernas están cansadas,

 

De todo lo que he andado.

 

Y los ojos los traigo ciegos,

 

De haber visto todo lo que he visto.

 

He visto niños en la calle,

 

Con un tiro en la frente.

 

Sin piernas,

 

Sin brazos.

 

Llorando,

 

Gimiendo,

 

Mendigando un beso.

 

He visto como bolas de fuego,

 

Volaban sobre las cabezas.

 

Y cristales rotos y puertas abiertas.

 

He visto el caos del mundo,

 

Camiones rodando con ruedas llenas de barro,

 

Y un fusil presidiendo.

 

¿Así me recibes después de tanto tiempo?

 
 

PENSAMIENTOS DORMIDOS

 

Escucho el silencio que está pasando,

 

En la cabecera de mi cama.

 

Todos los días me dice lo mismo:

 

“¿Por qué te aferras y te engañas?

 

Lo pasado, pasado está,

 

Y ahora te toca el olvido.”

 

¡Cómo olvidar mis noches blancas,

 

Esas de amor y miedo escondido!

 

¡Cómo arrancar de raíz del alma!

 

Todo lo bello que he vivido.

 

Atravieso este mar que fue tuyo y mío.

 

En noches de insomnio,

 

De pensamientos dormidos.

 

Voy cruzando las sombras y las luces,

 

De alaridos dolientes,

 

De lluvia y de frío.

 

El silencio se ha posado en mi frente,

 

En ese amor que fue tuyo y mío.

 
 

HICE UN RECORRIDO

 

Hice un recorrido con mis ojos,

 

Por el entorno que siempre vi.

 

Contemplé cosas que jamás me había fijado,

 

Y atenta fui observando.

 

Los grandes montes de pinos verdes,

 

Brezos,

 

Jaras…

 

Las ninfas dormidas,

 

Al pie de la montaña.

 

Vivos colores.

 

El rojo,

 

El ocre,

 

El gris…

 

Nadie sabía interpretar semejante entorno.

 

Me hubiese gustado enseñarte mi tierra,

 

Esa que tantos misterios guarda.

 

Me da pena contemplarlo a solas.

 

Me imagino que estás a mi lado,

 

Y voy explicándote cosas.

 

Me quedo hablando sola,

 

Entre ocres,

 

Rojos y grises.

 

Entre pinos,

 

Brezo,

 

Y jaras olorosas.

 

ENTERRAR LA PAZ

 

Enterramos la paz,

 

Para luchar en la guerra.

 

Nos fuimos sin el geranio en la mano,

 

Sin las risas,

 

Sin, a penas, mediar palabra.

 

Abrimos nuestros ojos,

 

Para ir a la trinchera.

 

Tú, a la de tu isla,

 

Yo, a la de mi tierra.

 

Y de allí, con balas de palabras,

 

Heridas quedaron abiertas.

 

Ni con el paso de los años,

 

Ni cuando la muerte venga,

 

Será incapaz de sanarla,

 

Porque aquellas balas no eran buenas.

 

¡Mira que enterrar la paz,

 

Para que viva la guerra!

 

JUGAR A LA MUERTE

 

Cuando jugábamos a la muerte,

 

Siempre te ganaba.

 

Tú paseabas por hermosos jardines,

 

Yo, por el rellano del campo santo.

 

Tus manos portaban flores frescas,

 

De olorosos perfumes,

 

Y belleza palpable.

 

Mis manos frías,

 

Ofrecían lirios silvestres y malvas.

 

Cada mañana,

 

Cada noche…

 

Y es que mi corazón no vivía,

 

Enterrado estaba,

 

En una tumba oscura y fría.

 

No servía el lamento,

 

Ni las ganas de vivir.

 

Tuvo una muerte dolorosa y temprana,

 

Porque eso era lo que me dabas.

 

Por eso,

 

Cuando jugábamos a la muerte,

 

Siempre te ganaba.

 

MALDITA LA MANO

 

Maldita la mano que acarició

 

La frescura de la tarde.

 

Olía a descompuesto,

 

Y yo, ignorante,

 

Ajena a todos los hechos,

 

Dejé que se posara sobre la mía,

 

Y acariciara mis helechos,

 

Esos que con mimo sembré,

 

Al lado de la pared del huerto.

 

Hoy que te ríes de mi pena,

 

De mi vida y sufrimiento,

 

Tendrás por siempre condena,

 

De haber navegado en mi cuerpo,

 

De haber dormido a mi lado…

 

Yo, de acariciar a un muerto.

 

Porque no tienes alma,

 

Porque eres puro deshecho,

 

Eres vida podrida,

 

En el campo de los muertos.