JUGAR A LA MUERTE
Cuando jugábamos a la muerte,
Siempre te ganaba.
Tú paseabas por hermosos jardines,
Yo, por el rellano del campo santo.
Tus manos portaban flores frescas,
De olorosos perfumes,
Y belleza palpable.
Mis manos frías,
Ofrecían lirios silvestres y malvas.
Cada mañana,
Cada noche…
Y es que mi corazón no vivía,
Enterrado estaba,
En una tumba oscura y fría.
No servía el lamento,
Ni las ganas de vivir.
Tuvo una muerte dolorosa y temprana,
Porque eso era lo que me dabas.
Por eso,
Cuando jugábamos a la muerte,
Siempre te ganaba.
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