MALDITA LA MANO
Maldita la mano que acarició
La frescura de la tarde.
Olía a descompuesto,
Y yo, ignorante,
Ajena a todos los hechos,
Dejé que se posara sobre la mía,
Y acariciara mis helechos,
Esos que con mimo sembré,
Al lado de la pared del huerto.
Hoy que te ríes de mi pena,
De mi vida y sufrimiento,
Tendrás por siempre condena,
De haber navegado en mi cuerpo,
De haber dormido a mi lado…
Yo, de acariciar a un muerto.
Porque no tienes alma,
Porque eres puro deshecho,
Eres vida podrida,
En el campo de los muertos.
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