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PÁJARO DE FUEGO

 

Tu mano en la mía: majestuosa irrealidad.

 

Tu boca en mi boca: irreversible realidad.

 

Tus manos en mi pecho,

 

Esas que no quieren estar.

 

Silencio sobre el silencio,

 

Alejado de toda equidad.

 

Presentimiento sobre presentimiento,

 

Todo mentira,

 

O todo verdad.

 

Pájaro de fuego sobre llamas de humedad.

 

Vas dejando responso de ceniza,

 

De humos de ciudad.

 

De aquellos troncos quemados,

 

Con incienso de catedral.

 

De misas matutinas,

 

Sin sentido el repicar de campanas,

 

De hormigón,

 

Que no pueden tocar.

 

Así te levantaron,

 Y de la misma forma caerán.

APRENDÍ

  

Ahora sé como es vivir

 

Con el amor entre las manos,

 

Pero también aprendí a vivir sin él,

 

Y con los pies descalzos.

 

Aprendí a vivir en la ternura de un beso,

 

De palabras y silencios,

 

De miradas cautivas y extrañas.

 

Aprendí a compartir mis tesoros,

 

Esos que siempre guardé con recelo,

 

Y a nadie los enseñaba.

 

No quería que nadie los viera,

 

Solo cuando me enamoraba.

 

Aprendí que con el silencio también se habla,

 

Y con una sola mirada.

 

Pero hay que sentirlo en el alma.

 

Aprendí tantas cosas,

 

Que hoy no quisiera saber nada,

 

Porque nada tengo,

 

Después que me lo enseñaran.

 


 

TE QUISE

 

Te quise con toda mi alma.

 

Con el corazón,

 

Con los sentidos,

 

Con la boca,

 

Con la mirada.

 

Con mis manos,

 

Con mi cuerpo,

 

Con mis piernas,

 

Con mis pies.

 

Te quise con todo mí ser,

 

Y hoy, que va pasando el tiempo,

 

Y no quiere volver.

 

Te quiero con mi agonía,

 

Con mi desesperanza,

 

Con mi desilusión,

 

Con mi amargura,

 

Con mi soledad,

 

Con mi corazón roto,

 

Con la incertidumbre.

 

He descubierto que te quiero,

 

Por encima de todo.

 

Perdono tus palabras hirientes,

 

Tus desprecios,

 

Tu indiferencia,

 

Tu rencor,

 

Tu venganza…

 

Te quiero aquí:

 

En esta tierra,

 Aunque estés de alma y cuerpo lejos.

MI VIDA SIN TI

 

Mi vida sin ti

Un desatino,

 

Un descontrol.

 

Un ir y venir de lugares,

 

De llanto amargo,

 

De olvido patente.

 

De tumbas destruidas,

 

De madrugadas escuchando el mar.

 

De semáforos que se apagan,

 

De oraciones en el puerto.

 

De malas palabras,

 

De desencuentros.

 

De paseos vespertinos,

 

De soledad consumada.

 

De silencios,

 

De palabras.

 

De catedrales pequeñas,

 

De ermitas agigantadas.

 

De diablo,

 

De macabra alborada…

 

Mi vida era sin ti,

 

¿Qué iba a ser?

 

No era nada.

DESHOJARTE VERSOS

 

Voy a deshojarte versos,

 

Cuando nadie sepa del mundo.

 

Porque mereces, amor,

 

Todo lo que tengo.

 

Porque desmereces, amor,

 

Palabras que no construyen.

 

Ni grandes castillos,

 

Ni elevadas almenas.

 

Al deshojarte mis versos,

 

Que son mi vida misma,

 

Pongo en tus manos mi alma desnuda,

 

Mi corazón que latente,

 

El sentir de mi vida.

 

Porque el pobre se enriquece en presencia,

 

Al ofrecer manos blancas,

 

Sobre papeles escritos,

 

Al transformar en palabras,

 

Sentimientos,

 

Que van más allá del abismo.

 

Pero al profundizar mi mano en el pecho,

 

Sacando el corazón,

 

Y poniéndolo en el tuyo.

 

Verás que late con fuerza,

 

Que no son palabras construidas,

 

Que van más allá del pensamiento.

 

Porque tú eres el sentimiento,

 Que hace escribir a mi pluma.

LO SÉ

 

Lo sé,

 

Pronto se abrirá la mañana y saldrá el sol.

 

A partir de ahí,

 

Habrá vidas que cambiarán.

 

Todo será como antes.

 

Yo, aquí,

 

Volveré a estar en ese rincón donde siempre estuve.

 

Con mis viejas canciones,

 

Con mi pluma,

 

Mis papeles,

 

Y en mis labios resecos,

 

Un te quiero silencioso.

 

Nacerán primaveras como las hojas en un árbol,

 

Y se volverá a escuchar el canto de los pájaros.

 

Me iré midiendo a cada instante,

 

Para ver como se apaga mi vida.

 

Qué pena me da,

 

Pensar que no seré nada más

 

Que un borroso y lejano recuerdo.

 

Lo sé, pronto, muy pronto,

 

Volveré a estar en ese rincón donde siempre estuve.

 

Con mis viejas canciones,

 

Con mi pluma,

 

Mis papeles…

 

Y en unos labios resecos,

 

Un te quiero silencioso.

 

DÍA DOCE

 

Una lágrima rodó por mi mejilla,

 

Queriéndose evadir de la realidad.

 

Mi cuerpo se sentía cansado,

 

Sólo quería estar sola,

 

Donde nadie me pudiera preguntar.

 

La habitación estaba fría,

 

Y un viejo arlequín,

 

Lloraba en el fondo del rincón.

 

La música se lamentaba,

 

Como ánimas en el infierno,

 

Como si hubiesen visto a Satanás.

 

El reloj no marcaba ninguna hora,

 

Sus agujas daban vueltas y vueltas.

 

El día estaba gris,

 

Y de pronto comenzó a caer gotas frías de lluvia.

 

Todo pareció color rojizo,

 

Igual que el cobre viejo.

 

No comprendía qué estaba pasando,

 

Pero notaba sensación de vacío.

 

Y recordé:

 Día doce, una lágrima.

HE MUERTO EN UNA TRAGEDIA 

 

 He muerto en una tragedia cualquiera. 

Sonámbula en éste ensordecedor silencio.

 

Y tú, dolor,

 

Como espada afilada,

 

Voy sintiendo cómo traspasas mi cuerpo.

 

Velo de ilusiones y magia,

 

Desecho por la ira y el dolor,

 

En ésta guerra mediática,

 

Cuando el desamor surgió.

 

De una enredosa tela de araña,

 

Había lluvias torrenciales,

 

Y remedé al ocaso y al alba.

 

Lloré como nunca había llorado,

 

Y las ortigas me asediaron,

 

Hasta exprimir mi ternura,

 

Llevándome lejos del asfalto.

 

Y aquel olor a hierbabuena y espuma,

 

Se convirtió en holocausto,

 

De la última gota de tierra.

 

La bondad aniquilada,

 

Y una mirada sin pupilas.

 

Para buscar dentro de mí,

 La voz salada que me nombra.