DÍA DOCE
Una lágrima rodó por mi mejilla,
Queriéndose evadir de la realidad.
Mi cuerpo se sentía cansado,
Sólo quería estar sola,
Donde nadie me pudiera preguntar.
La habitación estaba fría,
Y un viejo arlequín,
Lloraba en el fondo del rincón.
La música se lamentaba,
Como ánimas en el infierno,
Como si hubiesen visto a Satanás.
El reloj no marcaba ninguna hora,
Sus agujas daban vueltas y vueltas.
El día estaba gris,
Y de pronto comenzó a caer gotas frías de lluvia.
Todo pareció color rojizo,
Igual que el cobre viejo.
No comprendía qué estaba pasando,
Pero notaba sensación de vacío.
Y recordé:
Día doce, una lágrima.
0 comentarios