CASAS DE LA ALDEA
Dentro de la pobreza humilde,
Casas de piedras y barro.
Los tejados a “tejavana”
Por donde se ve el reflejo de la luna.
Y moja la estancia,
Las aguas fuertes de Mayo.
El suelo de tierra amarilla,
Y los fogones con carbón de encina.
Una mesa camilla,
Con unas enagüillas remendadas.
Así se calientan en invierno,
Con un brasero de cisco de jara.
Y un caldo de puchero,
Hecho con huesos de matanza.
¡Qué bien sabe ese caldo!
Con hojas de hierbabuena.
El olor que deja en la casa,
De matanza recién hecha.
Casitas que sois historia,
De este altozano poblado,
Que tan humildes sois,
Como las piedras y el barro.